jueves, 26 de noviembre de 2009

EL PROCESO DE ORSON WELLES





EL Proceso es una película de 1962 basada en la novela de Franz Kafka es un verdadero regalo para los sentidos; no podría decir placer, ya que las emociones que provoca son de todo menos relajación y tranquilidad, pero sí viene acompañada de un buen cargamento de balas sensoriales.
Orson Welles trabaja con suma perfección la paranoia y la angustia que trasmite la trama, surreal y absurda y que, al mismo tiempo, muestra la opresión producida por una sociedad burocratizada.
Una imagen que, aunque loca y desbordante, está cuidada al mínimo detalle, una iluminación con la que juega con gran acierto, un ambiente creado con absoluta maestría, un montaje asfixiante, picados, contrapicados y gran angular y, en definitiva, el maravilloso manejo de la estilística que caracteriza a Orson Welles. Comienza con un prólogo basado en el relato corto “Ante la ley” de Kafka, utilizando imágenes de forma similar a las diapositivas, y termina de una forma parecida, presentando a los actores y despidiéndose, con fotogramas que cierran el círculo fílmico.
La interpretación es magistral: Anthony Perkins, Romy Schneider, Jeanne Moreau, Elsa Martinelli, Akim Tamiroff y el mismo Welles en el papel de abogado hacen de “El proceso” una verdadera obra maestra.
Quizá sea uno de los mejores documentos cinematográficos del director, “El proceso”, en el que un hombre se despierta una mañana y encuentra a la policía en su habitación, acusado de un crimen del que probablemente nunca conocerá su origen. Desde el momento en que empezamos el visionado estamos condenados a no movernos y a no mirar hacia otro lugar, la trama engancha, con su esquizofrenia y frenética, hasta un final todavía más loco en el que la duda no nos dejará de aturdir.
“El proceso” es arte, no se puede describir de otra forma; bueno, quizá sí, “El proceso” es Orson Welles.

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